Acumula sexenio serie de desaciertos para el país

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De aquel ya lejano 2018 donde AMLO gana la elección con poco más de 30 millones de votos todavía quedan recuerdos del estadista que no fue, del hombre de Estado para toda la nación que no fue, del Presidente que juró cumplir y hacer cumplir la Constitución, la cual no ha cumplido a cabalidad.

Es indiscutible que en aquel ya lejano 2018 representó la esperanza de México para sus votantes, mientras otros mexicanos veíamos con escepticismo a un hombre con tintes de autoritarismo, y a un político que jamás ha aceptado una derrota electoral.

Indiscutiblemente que su popularidad estaba por las nubes, en el primer trimestre de su mandato tenía el 61.7% de aceptación contra el 28.4% de desacuerdo; marcando un 38.7 porcentual de diferencia.

Y en la última medición de hace 4 días, del 28 de julio los números se han invertido sustancialmente mostrando un 57.2% de aceptación contra 42.8% de desacuerdo o no aceptación, representando tan sólo el 14.4% de diferencia.

De principios de sexenio a la fecha se han ido acumulando una serie de desaciertos para el país que parten desde la clausura del Aeropuerto de Texcoco, pasando por la refinería de Dos Bocas que no ha dado ni un mililitro de gasolina, de un Tren Maya donde la promesa fue el respetar la flora y la fauna regional, donde siempre se afirmó que no se talaría un solo árbol y que el resultado ha sido un ecocidio al medio ambiente. Y lo más absurdo es que hace días se aparenta una inauguración del Tren Maya con sólo un vagón, sin vías, ni gente trabajando en esta obra.

Y en las políticas públicas la semana pasada la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del INEGI, demuestra el alto costo que le ha representado a la nación el haber tirado a la basura programas de asistencia social, que a pesar de sus fallas permitían incidir en la atención de la pobreza, desigualdad y marginación.

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Cada vez existe mayor evidencia que arroja resultados de que en la actualidad los apoyos asistenciales no necesariamente son más exitosos que los obtenidos en sexenios anteriores, como el ‘Progresa’ de Ernesto Zedillo, el ‘Oportunidades’ de Vicente Fox y Felipe Calderón, y el ‘Prospera’ de Peña Nieto.

En estos cuatro sexenios anteriores se otorgaron apoyos monetarios, pero estos apoyos siempre tuvieron interacción en salud, educación, vivienda e infraestructura comunitaria, bajo un concepto de pobreza, que también mide las carencias en esos rubros.

Los estudiosos de la movilidad social explican a ésta como el cambio en la riqueza y estatus social de los individuos o familias donde se manifiesta que una familia que se encuentra en el nivel más precario, sus hijos no tendrán ninguna oportunidad de salir adelante durante 50 o más años.

El dramatismo social a que nos ha llevado la cuarta transformación nos indica que los hogares más pobres reciben menos programas sociales que en el sexenio anterior y, con excepción de la Pensión de Adultos Mayores, ningún otro programa aumentó de forma significativa.

“Van 5 años de este sexenio durante los cuales “primero los pobres” solo ha representado un slogan publicitario, resultando estadísticamente según datos del INEGI que en la actualidad los más pobres reciben menos”.

El Centro de investigación Económica y Presupuestaria advirtió que “los desafíos educativos continúan presentes: existe una importante caída de la matrícula, hay más beneficiarios de becas, pero no en los primeros deciles de ingreso”, que son los más pobres de este país.

Existen alertas por parte de Coneval con relación a la pobreza, cuidado infantil, embarazo en adolescencia y educación para la población indígena, no se pueden seguir posponiendo los apoyos alimentarios a través de comedores escolares y cocinas comunitarias, así como garantizar el acceso a la salud.

Existe un vacío importante causado por la destrucción de las estancias infantiles, las escuelas de tiempo completo, el Prospera, los apoyos de alimentos calientes comunitarios y el Seguro Popular. Es cierto que a los problemas sociales el Primer Ejecutivo pretende diluirlos desde la propaganda oficial que culpa de sus pendientes a la oposición y a sus críticos.

De igual forma toda la nación percibe que este final de sexenio afloran las evidencias e indicadores medibles de que la premisa de “primero los pobres” está distante de ser una realidad debido a la alta ineficacia del gobierno.

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