La ciudad devorada

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En Tercera Persona

00:20. El cadáver de un hombre aparece envuelto en una cobija negra en la colonia Lázaro Cárdenas. 5:05. Se reporta que hay un muerto envuelto en una alfombra en la colonia Reacomodo Sánchez Taboada.
5:25. Informan al 911 que hay un cadáver con un mensaje de amenaza en la colonia Sánchez Taboada. 5:30. Es localizado el cuerpo de un hombre, con una cartulina de amenaza, en la colonia Tomás Aquino.
5:35. Aparecen las extremidades superiores de un hombre en la colonia Infonavit Lomas Verdes. 6:18. Maniatado y envuelto en una cobija es hallado el cadáver de un masculino en la colonia Del Río.
7:00. Un cuerpo decapitado es localizado en la colonia Camino Verde. A esa misma hora, envuelto en telas, aparece un cuerpo más en la colonia Tomás Aquino. 7:25. Colonia Pinos de Agüero: se reporta el hallazgo de dos mochilas que contienen restos humanos.
Es un amanecer más en la ciudad de Tijuana, en Baja California.
El día anterior se han cometido en la ciudad otras cinco ejecuciones y ha ocurrido un ataque armado. Al 30 de noviembre, en esa ciudad fronteriza se contabilizan 1,730 homicidios y unos 4,200 desde que la alcaldesa Monserrat Caballero llegó al poder en octubre de 2021.
En agosto pasado, por su seguridad, la alcaldesa decidió irse a vivir a un cuartel militar en Tijuana. En ese tiempo se contabilizaban cerca de mil asesinatos. La violencia escaló en unos meses.
Mientras la alcaldesa morenista se mueve por las calles escoltada por un convoy de guardaespaldas y guardias nacionales, la ciudad que gobierna atraviesa una de sus fases más negras: una crisis de inseguridad que diariamente llena las calles de decapitados, calcinados y encobijados.
Hace una semana, el 28 de noviembre pasado, fue ejecutado en una gasolinera ubicada en el boulevard Héctor Terán, en la colonia Las Torres, el agente Salvador Vargas, elemento de la Agencia Estatal de Investigación. Dos hombres se acercaron cuando se Vargas se detuvo a cargar combustible. Cuando llegaron los servicios de emergencia, el agente ya no presentaba signos vitales.
La fiscalía lo había suspendido días atrás: se hallaba involucrado en una investigación como presunto responsable de haber robado un cargamento de cocaína y metanfetamina perteneciente al Cártel de Sinaloa. Se trataba en realidad de un escándalo: a mediados de noviembre, un comando en el que fueron identificados elementos de diversas corporaciones –policía municipal, Guardia Nacional, agentes ministeriales– irrumpió una bodega y se llevó una camioneta cargada de droga.
Esa madrugada, desde cuatro vehículos, fue baleada la delegación de la Fiscalía General de la República en Tijuana. Dos sicarios, identificados como miembros del Cártel de Sinaloa, fueron aprehendidos con algunas de las armas empleadas durante el ataque.
Unos días más tarde, una hora después de que una unidad de la fiscalía general del estado fuera acribillada por desconocidos, ejecutaron en Mirador Capistrano al agente municipal León Bueno Loreto, otro de los presuntos involucrados en el robo. Según los testigos, se escucharon al menos 20 disparos.
Se comprobó más tarde que una de las armas empleadas en la ejecución fue la misma que cobró la vida del agente Vargas.
A finales de octubre la fiscal general del estado, María Elena Andrade, se había vanagloriado de que Tijuana había vivido un día sin homicidios. Se atribuía esa breve calma a un pacto entre Los Chapitos y el Cártel de los Arellano Félix.
En todo caso, “el día sin homicidios” reventó como una burbuja de jabón en medio de las matanzas y las acusaciones de corrupción dirigidas a las autoridades. El 19 de octubre, una agente de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana, Dalia Suzeth Espinoza, fue acribillada frente a su hija de cinco años. Ese día, sicarios del Cártel Jalisco dejaron una corona fúnebre y una narcomanta en el estacionamiento de un centro comercial: “Ahí está tu agente, por pasada…”.
Espinoza había participado en varios operativos importantes: aseguramientos de armas, detenciones de traficantes de fentanilo, que según el semanario Zeta podrían haber afectado la alianza entre los Chapitos y los Arellano Félix.
En la narcomanta abandonada en Plaza Río se reclamaba a un mando de la Fuerza Estatal haber recibido 100 mil dólares del Cártel Jalisco para que se los entregara al secretario de seguridad pública Leopoldo Tizoc Aguilar. “Vamos a buscarte por cielo, mar y tierra, y de perdida herido vas a quedar”, se leía en el mensaje.
Este último domingo, en menos de dos horas, cinco nuevos homicidios han ocurrido en Tijuana.
Esa ciudad se ha perdido, devorada por la violencia, la incapacidad y la corrupción. Será una de las cosas que habrá que rescatar de entre las ruinas cuando esta noche finalmente haya terminado. Mientras, muertos que nadie quiere voltear a ver siguen poblando las calles.

 

AT