Y los bots… se hicieron carne

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En Tercera Persona

“Sin novedad”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, sobre la concentración, la Marcha por la Democracia, que se llevó a cabo ayer en la Ciudad de México, y en más de 100 ciudades de la república.
Pero sí la hubo. Hubo novedad.
Al menos siete veces se escuchó en el Zócalo capitalino un rugido estentóreo y unánime: “¡Narcopresidente!”.
Se trataba de un grito que no se había emitido nunca antes: que no se había escuchado en la historia de las concentraciones llevadas a cabo en la capital, y que reventaba como una ola y recorría de un lado a otro la Plaza de la Constitución.
“Con este INE llegaron, con este INE se van”. “Queremos democracia, queremos libertad”. “No somos bots, somos ciudadanos”, anunciaban cartulinas y pancartas.
El gobierno de la ciudad, que en una tumultuosa marcha en defensa del INE concedió la asistencia de 10 y 12 mil personas, calculó esta vez que se habían concentrado 90 mil.
En otro extremo, la organización Unidos para Mejorar sostuvo que cientos de miles de personas se habían dirigido desde distintos puntos al Zócalo capitalino, en donde se acusó que el gobierno de AMLO había “secuestrado” la bandera nacional.
Al margen de los números, una corriente tumultuosa, formada por miles de ciudadanos e integrantes de diversas organizaciones sociales vestidos de rosa y blanco, desembocó en la sede de los poderes, el antiguo “ombligo del mundo”, exigiendo “voto libre”.
La plaza, a donde no dejaban de llegar masas de ciudadanos desde las calles aledañas, se fue calentando con el Manifiesto leído por parte de la activista Ana Lucía Medina: “Si el gobierno desvía el dinero de los ciudadanos para ayudar a sus candidatas y candidatos, el voto no es libre. Si el gobierno quiere desaparecer al INE, controlar el Tribunal Electoral y someter a la Suprema Corte de Justicia, el voto no es libre. Si el gobierno amenaza a los medios y censura periodistas, el voto no es libre. Si el gobierno te miente y te dice que si gana la oposición se van las pensiones y becas, el voto no es libre.
“Si el gobierno busca confundirte con propaganda para que no veas la realidad del país, el voto no es libre. Si el gobierno amenaza o corrompe a los empresarios para ponerlos de su lado, el voto no es libre. Si el gobierno promueve encuestas falsas para que creas que ‘este arroz ya se coció’ y que la elección está decidida, el voto no es libre”.
Los supuestos bots de los que habla el oficialismo se hicieron carne ayer en el Zócalo capitalino. Frente a ese bloque que pobló el Zócalo, de la Catedral al Ayuntamiento, y desde el Palacio hasta los Portales, el único orador, Lorenzo Córdova, advirtió que el país se encuentra frente a un proyecto de restauración autoritaria “que pretende revertir muchas de las conquistas democráticas que se han conseguido”.
Un Zócalo atento escuchó el discurso directo, sin estridencias ni rebuscamientos, del expresidente del INE: “No estamos aquí para criticar a ningún gobierno en sí. Estamos aquí para defender a la democracia y decirle NO a toda propuesta que busque desmantelar las conquistas que en ese sentido hemos alcanzado”.
En otro lado de la ciudad, en su registro ante el INE como candidata de Morena a la Presidencia de la República, Claudia Sheinbaum acusó de falsos e hipócritas a quienes a esa hora se concentraban en el Zócalo, “cuando en su momento promovieron fraudes electorales o nunca vieron la compra de votos, o se les olvidó respetar a los pueblos indígenas promoviendo la discriminación y el clasismo”.
Sheinbaum decía que la concentración era “la democracia de ellos, la de los oligarcas, la de los ricos. La democracia de los corruptos”.
En un Zócalo repleto de ciudadanos en pie de guerra “contra el autoritarismo y en defensa de la democracia” se cantaba el Himno y en pancartas se leía: “La verdad se defiende con el diálogo, no se silencia con la imposición”.
Decían también: “El diálogo democrático construye puentes, el autoritarismo levanta muros”.
Una manta más decía: “Presidente, saque las manos de la elección”: qué extraño, el mismo reclamo que México pronunció durante décadas, y que ayer decenas o cientos de miles, como usted guste, volvieron a pronunciar sin bandera, y bajo las notas del Himno.