Una ola de violencia barre el país

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En Tercera Persona

El sábado pasado, a la misma hora en que el gobernador de Zacatecas, David Monreal, le daba la bienvenida en las instalaciones del 97 Batallón a 800 efectivos militares enviados, “a fin de reforzar la seguridad de la entidad”, desde Jalisco, Nayarit y Aguascalientes, Jorge Antonio Monreal Martínez, primo del gobernador, y del senador morenista Ricardo Monreal, era abatido en la localidad de Plateros, un ataque directo ocurrido a las puertas mismas de su domicilio.
Monreal Martínez se hallaba en la nómina del Ayuntamiento de Fresnillo, concretamente en la Dirección de Desarrollo Social: la misma que encabezaba el cuñado del senador Monreal, Juan Pérez Guardado, quien fue asesinado en un camellón del centro de Fresnillo apenas el miércoles pasado.
Los dos homicidios, cometidos con solo cuatro días de diferencia, sacudieron el estado en el que a lo largo de todo el siglo ha reinado políticamente la dinastía Monreal.
Tanto Pérez Guardado como Monreal Martínez operaban electoralmente en favor de Morena. Los crímenes fueron tratados con absoluto hermetismo por parte del gobierno zacatecano, que los consideró una respuesta “a la lucha contra el crimen organizado en Zacatecas” y los definió como “un intento de desestabilizar la entidad” y de “poner en duda el avance de la estrategia”.
Tras el asesinato de Pérez Guardado se anunció la detención de seis integrantes de un grupo delincuencial, presuntamente del Cártel del Noreste.
A mediados de enero una célula criminal que operaba precisamente en Fresnillo, Guadalupe y Zacatecas, y que estaba formada por ocho personas, fue aprehendida por autoridades estatales.
Tres días más tarde, la Fuerza de Reacción Inmediata Zacatecas, FRIZ, así como la policía estatal preventiva se enfrentaron en Villa García con otra célula del Cártel del Noreste. El saldo fue de seis detenidos.
Las detenciones se dieron en el contexto de la pugna que sostienen en el estado el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa: un conflicto que apenas en diciembre pasado dejó seis sicarios muertos. Una célula más de este cártel había sido detenida en septiembre del año pasado: fue relacionada con una serie de homicidios cometidos en Guadalupe y Zacatecas.
La más reciente encuesta de seguridad pública nacional urbana colocó a Fresnillo como la localidad con mayor percepción de inseguridad en México: 96.4% de la población ha declarado sentirse insegura al transitar por la vía pública. Al mismo tiempo, según cifras oficiales, los homicidios se han disparado 500% en solo cuatro años.
Unas horas después del asesinato de Juan Pérez Guardado, el empresario gasolinero Cecilio Murillo, hermano del presidente municipal de Sombrerete, así como el empresario transportista José Luis Olvera Fraga fueron asesinados en calles de ese municipio.
En ambos casos se trató de ataques directos.
Lo ocurrido en la entidad se agrega a la brutal ola de violencia que prácticamente está barriendo Guanajuato, el Estado de México, Tabasco, Jalisco, Baja California, Chihuahua, Sonora, Nuevo León, Guerrero, Veracruz, Tamaulipas, Oaxaca, Colima y Morelos.
El pasado 11 de febrero, un día después del asesinato de Antonio Monreal Martínez en Zacatecas, se registraron en el país, en menos de 24 horas, 100 homicidios: una cifra que no se había visto desde agosto de 2023 y que figura entre las más altas del sexenio.
Prácticamente la mitad de estos crímenes se perpetraron en cuatro estados: Guanajuato (a donde habían sido enviados 900 efectivos militares), el Edomex, Tabasco y Jalisco.
En mes y medio de 2024 se han cometido en México más de 834 homicidios: 179 mil 003 asesinatos han convertido al de AMLO en el más letal de los últimos seis sexenios.
Aunque un estado panista, Guanajuato, se halla a la cabeza del horror, en el tramo final del gobierno de AMLO, 15 de los estados más violentos están gobernados por Morena.
A López Obrador se le acabó el tiempo. El alza en los niveles de violencia indica, por desgracia, que probablemente vendrán sobre México los meses más críticos.

 

AT