Europa también tuvo pirámides: hallazgo en Polonia sacude la historia de la prehistoria

La idea de que las pirámides fueron un fenómeno exclusivo del antiguo Egipto acaba de recibir un golpe contundente desde Europa Central. En el corazón de Polonia, arqueólogos han confirmado la existencia de monumentos funerarios de más de 5,500 años de antigüedad que obligan a replantear el origen de la arquitectura monumental y del culto a los muertos en la prehistoria europea.
Estas estructuras, conocidas como “tumbas de gigantes”, se localizan en una región boscosa de Wielkopolska y corresponden al periodo neolítico. Su tamaño, complejidad y simbolismo revelan que las comunidades agrícolas europeas no solo dominaban el entorno, sino que también desarrollaron formas avanzadas de organización social y pensamiento ritual mucho antes de lo que se asumía.
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Aunque las primeras referencias a estos montículos aparecieron en la década de 1930, fue hasta años recientes cuando la tecnología permitió dimensionar su verdadera escala. Mediante técnicas de teledetección, en 2019 un equipo de la Universidad Adam Mickiewicz identificó al menos dos de estas pirámides dentro del Parque Paisajístico Dezydery Chłapowski, confirmando que no se trataba de simples elevaciones naturales del terreno.
Lejos de la imagen clásica de una pirámide egipcia, estos monumentos presentan una forma alargada y trapezoidal, revestida con grandes bloques de piedra y cuidadosamente alineada de oeste a este. Esta orientación ha llevado a los investigadores a interpretar que, además de tumbas, funcionaban como espacios rituales vinculados al culto solar, integrando arquitectura, paisaje y cosmovisión.
La antigüedad estimada de estas construcciones ronda los 5,500 años, lo que las sitúa en un periodo comparable —e incluso anterior— a algunas pirámides del valle del Nilo. Su origen se atribuye a la cultura del vaso de embudo, una sociedad de agricultores del norte y centro de Europa que, pese a su aparente igualdad social, erigía monumentos destinados a figuras de alto estatus.
El simple hecho de mover y colocar piedras de hasta diez toneladas sin herramientas modernas da cuenta de un notable grado de coordinación comunitaria. Ese esfuerzo colectivo no solo habla de capacidad técnica, sino de una fuerte carga simbólica asociada al poder, la muerte y la trascendencia, elementos que hoy se consideran pilares de las civilizaciones complejas.
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En el interior de estas pirámides neolíticas se cree que reposaban individuos enterrados boca arriba, con los pies orientados hacia el este. Junto a ellos se depositaban objetos funerarios como hachas de piedra, cerámica y vasijas de arcilla, piezas que ofrecen pistas sobre la vida cotidiana, las creencias y la jerarquía social de quienes fueron sepultados allí.
Lejos de cerrar el caso, el descubrimiento parece apenas abrir una nueva etapa de investigación. En la misma zona ya se han identificado al menos tres posibles yacimientos adicionales, lo que sugiere que estas pirámides no fueron una rareza aislada, sino parte de un sistema cultural más amplio que podría transformar la narrativa sobre la Europa prehistórica y su relación con la monumentalidad.
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