La neblina, una amenaza solucionable para el Aeropuerto de Tijuana

La neblina en Tijuana representa una amenaza constante para la operación aérea debido a que reduce drásticamente la visibilidad en una zona donde la geografía y el tráfico intensivo ya imponen retos naturales. El Aeropuerto Internacional de Tijuana está ubicado en una franja costera influida por corrientes marinas frías del Pacífico, lo que favorece la formación de niebla densa, especialmente durante la noche y las primeras horas de la mañana, justo cuando se concentran numerosos vuelos nacionales e internacionales.
Este fenómeno atmosférico no es un simple inconveniente visual, sino un factor crítico de seguridad operacional. Cuando la niebla cubre las inmediaciones de la pista, los pilotos dependen casi por completo de instrumentos para aproximarse y aterrizar, lo que exige que tanto la aeronave como el aeropuerto cuenten con sistemas de navegación de alta precisión. En condiciones adversas de clima, cualquier margen de error se reduce y las decisiones deben tomarse con mayor anticipación y cautela.
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El Aeropuerto Internacional de Tijuana opera con procedimientos de aproximación instrumental, pero aun así la neblina puede obligar a suspender aterrizajes si la visibilidad cae por debajo de los mínimos permitidos. Esto afecta tanto a vuelos comerciales como a operaciones de carga, provocando demoras, desvíos a aeropuertos alternos y, en algunos casos, cancelaciones que impactan directamente a miles de pasajeros que transitan por Tijuana cada día.
Otro factor clave es la interacción entre la niebla y el relieve urbano y montañoso que rodea la terminal aérea. Las corrientes de aire húmedo quedan atrapadas en capas bajas de la atmósfera, generando bancos de neblina persistentes que no se disipan con rapidez. Este comportamiento del clima local hace que los pronósticos sean complejos y que las aerolíneas deban planear con márgenes de combustible adicionales para enfrentar posibles desvíos.
La niebla también complica el trabajo de los controladores aéreos, quienes deben espaciar más las llegadas y salidas para mantener la seguridad. En el Aeropuerto Internacional de Tijuana, donde la pista es una de las más transitadas del noroeste de México, esta reducción en la capacidad operativa genera congestión aérea y retrasa cadenas completas de vuelos que conectan a Tijuana con el resto del país y con destinos internacionales clave.
Desde la perspectiva de la aviación internacional, la neblina incrementa el riesgo operacional porque muchos vuelos llegan tras varias horas de trayecto, con ventanas de aterrizaje muy específicas. Si el clima se deteriora repentinamente, las aeronaves deben evaluar si esperan en el aire, lo que incrementa el consumo de combustible, o si se desvían, generando costos adicionales y reacomodos logísticos complejos para aerolíneas y pasajeros.
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El impacto económico tampoco es menor, ya que cada interrupción por niebla implica pérdidas para aerolíneas, aeropuertos y sectores vinculados al turismo y los negocios. Tijuana es un punto estratégico de conexión fronteriza, y el clima adverso en su principal terminal aérea repercute en cadenas productivas, agendas empresariales y flujos turísticos que dependen de la puntualidad aérea.
A nivel técnico, la presencia recurrente de neblina obliga a invertir constantemente en tecnología de precisión, mantenimiento de sistemas de aterrizaje por instrumentos y capacitación especializada para tripulaciones. Sin embargo, incluso con estos avances, la naturaleza del clima costero sigue imponiendo límites que no pueden ignorarse cuando la seguridad aérea es la prioridad absoluta.
Tecnología que debe migrar el Aeropuerto de Tijuana
Los aeropuertos que operan con niebla frecuente dependen de sistemas de aterrizaje por instrumentos de alta precisión que permiten a los pilotos aproximarse a la pista sin referencia visual directa. El más importante es el ILS de categorías avanzadas, que guía a la aeronave mediante señales electrónicas hasta pocos metros antes del contacto con la pista, incluso cuando el clima reduce la visibilidad a niveles críticos. Esta tecnología es clave en terminales con neblina persistente y permite mantener operaciones seguras cuando las condiciones lo permiten.
A estas herramientas se suman radares de superficie y sistemas de vigilancia avanzada que permiten a los controladores aéreos monitorear con exactitud la posición de cada aeronave y vehículo en tierra. En escenarios de niebla densa, estas plataformas reducen el riesgo de incursiones en pista y colisiones, ya que el personal de control puede gestionar despegues y aterrizajes con información en tiempo real, aun cuando la visibilidad humana es prácticamente nula.
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Otra tecnología esencial es el uso de luces de aproximación y señalización de pista de alta intensidad, diseñadas para ser visibles a través de la niebla. Estas luces, combinadas con marcadores de precisión y sistemas de iluminación central, ayudan a los pilotos a identificar la pista en los últimos segundos del aterrizaje. En paralelo, los aeropuertos modernos integran sensores meteorológicos avanzados que miden visibilidad, humedad y presión para actualizar de forma constante las condiciones del clima.
La operación segura en niebla también depende de la capacitación especializada de pilotos y controladores, así como de procedimientos estrictos y estandarizados. Simuladores de vuelo reproducen escenarios de visibilidad mínima para entrenar decisiones críticas, mientras que los aeropuertos establecen protocolos claros para suspender o reanudar operaciones según los límites técnicos. La combinación de tecnología, entrenamiento y disciplina operacional es lo que permite a muchos aeropuertos del mundo seguir funcionando incluso bajo condiciones de clima adverso.
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