Ucrania rechaza acusación rusa de ataque con drones a residencia de Putin y advierte intento de sabotear la paz

La tensión diplomática entre Moscú y Kiev volvió a escalar tras la acusación del gobierno ruso de que un dron ucraniano habría tenido como objetivo una de las residencias del presidente Vladimir Putin, versión que Ucrania negó de forma tajante y calificó como una fabricación. El señalamiento surgió en un momento delicado del conflicto, marcado por negociaciones en curso y esfuerzos internacionales por reactivar un camino hacia la paz.
La acusación fue lanzada públicamente por el canciller ruso, Serguéi Lavrov, quien afirmó que el presunto ataque ocurrió en la región de Nóvgorod y no provocó víctimas ni daños materiales. Pese a ello, advirtió que Rusia revisará su posición negociadora y que el ejército ya seleccionó objetivos para posibles ataques de represalia, elevando el tono político y militar del conflicto.
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El señalamiento apuntó indirectamente a la residencia presidencial de Valdai, un complejo fuertemente custodiado ubicado a orillas del lago del mismo nombre, en el noroeste de Rusia. Lavrov evitó precisar si Putin se encontraba en el lugar al momento del supuesto ataque, un detalle clave que añadió ambigüedad a la acusación y alimentó el escepticismo internacional.
Desde Kiev, el presidente Volodymyr Zelensky rechazó de inmediato la versión rusa y aseguró que se trata de una “completa fabricación”. El mandatario ucraniano subrayó que la acusación apareció apenas un día después de una reunión prolongada que sostuvo en Florida con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo que, a su juicio, revela una intención deliberada de enturbiar los avances diplomáticos.
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Zelensky insistió en que Rusia recurre de manera sistemática a narrativas alarmistas para justificar la continuación de la guerra y minar la credibilidad de los esfuerzos multilaterales. A través de redes sociales, sostuvo que las declaraciones rusas buscan desacreditar los logros obtenidos en coordinación con Washington y con líderes europeos, en un contexto de negociaciones frágiles.
El gobierno ucraniano defendió su postura militar al recalcar que solo ataca objetivos militares legítimos en territorio ruso. El canciller Andrii Sybiha llamó a la comunidad internacional a condenar lo que describió como declaraciones provocadoras diseñadas para descarrilar un proceso de paz constructivo, y advirtió que las acusaciones sirven como pretexto para nuevos ataques rusos.
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En paralelo, el episodio adquirió una dimensión internacional tras confirmarse que Putin informó directamente a Trump sobre el supuesto ataque durante una llamada telefónica. El mandatario estadounidense reconoció haber escuchado la versión del líder ruso, aunque posteriormente admitió que el ataque pudo no haber ocurrido, matizando así la gravedad del señalamiento inicial.
Desde Moscú, el Kremlin sostuvo que las defensas aéreas rusas derribaron 91 drones y reiteró que Rusia no se retirará de las negociaciones para poner fin a la guerra. Sin embargo, la advertencia de revisar su postura negociadora dejó abierta la posibilidad de un endurecimiento, justo cuando se discutían garantías de seguridad a largo plazo para Ucrania con respaldo de Estados Unidos.
La Casa Blanca se limitó a señalar que la llamada entre Trump y Putin fue “positiva” en relación con Ucrania, sin ofrecer detalles adicionales. La falta de claridad oficial contrastó con la dureza del discurso ruso y la firme negativa ucraniana, reflejando un escenario en el que la información, la desinformación y la diplomacia compiten en un terreno cada vez más volátil.
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