Seguridad ferroviaria bajo la lupa: seis incidentes en dos años reavivan dudas sobre los nuevos trenes en México

La seguridad de los proyectos ferroviarios emblemáticos de México volvió al centro del debate nacional tras el descarrilamiento del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec ocurrido el pasado 28 de diciembre en Oaxaca, un accidente que dejó 15 personas fallecidas y decenas de heridos, y que evidenció fallas graves en uno de los corredores estratégicos impulsados por el gobierno federal.
La magnitud del siniestro, registrado en una zona de difícil acceso, obligó a una intensa movilización de cuerpos de emergencia y abrió cuestionamientos inmediatos sobre las condiciones reales de operación, el estado de las vías y la efectividad de los protocolos de seguridad que rigen tanto al Tren Interoceánico como al Tren Maya, los dos grandes proyectos ferroviarios del sureste.
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Aunque autoridades federales señalaron que el tren había sido sometido a revisiones previas y que no se detectaron anomalías antes del trayecto, el accidente derivó en el anuncio de una investigación técnica para esclarecer las causas exactas del descarrilamiento y deslindar responsabilidades, mientras la atención se centró en los lesionados y en el apoyo a las familias de las víctimas.
Este hecho no es aislado. En los últimos dos años se han registrado al menos seis incidentes en los nuevos sistemas ferroviarios federales, algunos sin consecuencias fatales, pero suficientes para encender alertas entre especialistas, quienes advierten que la recurrencia de fallas apunta a problemas estructurales que no han sido corregidos de fondo.
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El debate se ha intensificado entre quienes defienden la relevancia económica y logística del Tren Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y quienes exigen una revisión profunda de su seguridad. Tras el accidente, crecieron las voces que demandan auditorías independientes, mayor transparencia en los reportes técnicos y una revisión de los tiempos y condiciones de operación.
Las preocupaciones se extienden también al Tren Maya, otro de los proyectos clave del actual modelo ferroviario. En marzo pasado, un vagón se descarriló durante el trayecto Campeche–Cancún, cuando el convoy partió a las 7:00 de la mañana y el vagón número cuatro se salió de uno de los rieles antes de llegar a la estación Tixkokob, en Yucatán, sin que se reportaran víctimas.
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El contexto resulta especialmente sensible porque el accidente del Tren Interoceánico ocurre mientras el gobierno federal impulsa el paquete turístico de larga distancia “Expreso de Año Nuevo” del Tren Maya, una estrategia que integra hospedaje, vuelos y recorridos ferroviarios, y que busca demostrar la capacidad operativa del sistema en viajes completos con enfoque turístico.
Familiares de las víctimas y usuarios frecuentes de los trenes han coincidido en una exigencia central: garantías reales de seguridad más allá de los discursos oficiales. Con seis incidentes acumulados en apenas dos años, la confianza pública enfrenta su mayor reto, mientras las investigaciones deberán determinar si los fallos responden a errores humanos, deficiencias mecánicas o problemas en la infraestructura.
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