El 70% en México tiene sobrepeso y aún no es un tema país a corto-mediano plazo

El sobrepeso y la obesidad se han convertido en una de las alertas sanitarias más persistentes en México, donde cerca del 70% de la población adulta vive con esta condición. El problema trasciende lo estético y se instala en el centro del debate de salud pública por su vínculo directo con enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 y los padecimientos cardiovasculares, principales causas de muerte en el país.
La magnitud del desafío se agrava cuando se observa el nivel de actividad física de la población. De acuerdo con datos oficiales, apenas el 41% de los mexicanos realiza ejercicio de forma regular, una cifra que revela una brecha profunda entre el conocimiento de los beneficios del movimiento y su incorporación real en la vida cotidiana.
Las causas de esta desconexión son múltiples y estructurales. Jornadas laborales extensas, traslados largos, cansancio acumulado, hábitos alimenticios poco saludables y factores genéticos configuran un escenario adverso. A ello se suma una percepción extendida de que hacer ejercicio implica rutinas extenuantes, costos elevados o exposición al juicio social, elementos que desalientan a quienes buscan comenzar.
El punto crítico no está en la falta de información, sino en la forma en que se concibe la actividad física. El verdadero cambio ocurre cuando el ejercicio deja de asumirse como una obligación temporal y se integra como un hábito alcanzable, flexible y sostenible. Bajo esta lógica, el movimiento cotidiano adquiere más peso que los esfuerzos esporádicos de alta intensidad.
Desde una visión más amplia del bienestar, el vicepresidente de Ciencia en Immunotec, Hugo Palafox, subraya que mantenerse activo ya no responde solo a objetivos estéticos. La actividad física está ligada a la prevención de enfermedades, al fortalecimiento funcional del cuerpo y a la posibilidad de llegar a la adultez mayor con mayor independencia, energía y calidad de vida.
El especialista destaca que la constancia no se construye desde la exigencia, sino desde el disfrute. Elegir actividades que resulten placenteras, como caminar, bailar o practicar un deporte recreativo, incrementa la probabilidad de sostener el hábito en el tiempo. El abandono, más que la falta de disciplina, es el principal enemigo del ejercicio.
Otro factor determinante es la energía disponible para sostener el esfuerzo diario. En un contexto como el mexicano, donde el desgaste físico y mental es elevado, la motivación por sí sola resulta insuficiente. Una alimentación equilibrada, rica en proteínas y micronutrientes, junto con una estrategia consciente de descanso y apoyo nutricional, puede marcar la diferencia entre iniciar y perseverar.
El proceso también exige aprender a escuchar al cuerpo. El descanso, los ajustes de intensidad y las pausas de recuperación no representan retrocesos, sino parte del progreso. Forzar al organismo sin considerar sus límites suele traducirse en lesiones, frustración y abandono temprano.
Leer más: Temporada récord de tiburón toro impulsa al buceo en Playa del Carmen
Finalmente, la comparación constante, amplificada por las redes sociales, aparece como un obstáculo silencioso. Expectativas irreales y modelos inalcanzables distorsionan la percepción del avance personal. La constancia, y no la perfección, es el eje de un cambio sostenible, donde cada cuerpo sigue su propio ritmo.
Adoptar un estilo de vida activo, coinciden los especialistas, no significa entrenar como atleta profesional, sino tomar decisiones diarias que sumen. Movimiento regular, nutrición consciente, descanso adecuado y una visión integral del bienestar conforman una estrategia realista para enfrentar uno de los mayores desafíos de salud en México.
Únete AQUÍ a nuestro canal de WhatsApp TRIBUNA DE MÉXICO