Apagones y escasez aumentan en Cuba, el régimen en vías del colapso

Cuba enfrenta la peor crisis económica de su historia reciente, con apagones prolongados, escasez generalizada de alimentos y medicinas, inflación creciente y una economía que acumula tres años en retroceso
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Cuba atraviesa el momento económico más crítico desde el triunfo de la Revolución, con un colapso simultáneo de servicios básicos, producción, consumo y redes de protección social que durante décadas fueron el emblema del modelo cubano. Apagones prolongados, desabasto de alimentos y medicinas, inflación desbordada y migración masiva configuran un escenario que expertos y ciudadanos coinciden en describir como inédito en su gravedad.

La vida cotidiana en la isla se ha vuelto una carrera de resistencia marcada por cortes de electricidad que superan las 14 o incluso 20 horas diarias, especialmente fuera de La Habana. La crisis energética ha dejado barrios enteros en penumbra, alimentos echándose a perder y una sensación de vulnerabilidad constante, en un país que hoy produce una cuarta parte menos de energía que en 2019.

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El deterioro del sistema de racionamiento confirma el colapso del andamiaje social. Las tarjetas que durante años garantizaron arroz, frijoles y productos básicos han perdido toda eficacia, no porque alcancen menos días, sino porque simplemente no hay qué entregar. Las tiendas estatales permanecen vacías, mientras la población depende cada vez más del mercado informal o de remesas del extranjero.

La escasez de combustible ha paralizado sectores completos. Comprar gasolina requiere anotarse en listas digitales con semanas —o meses— de espera, lo que ha afectado la recolección de basura, el transporte y la atención sanitaria. Como consecuencia indirecta, se han registrado brotes de enfermedades transmitidas por mosquitos, mientras conseguir medicamentos básicos resulta casi imposible sin apoyo desde fuera del país.

El golpe económico se refleja en los indicadores macro. El producto interno bruto cayó más de 4% al cierre del tercer trimestre del año pasado, la inflación sigue al alza y las entregas de alimentos racionados incumplen los calendarios oficiales. La economía cubana acumula tres años consecutivos de retroceso, una dinámica que especialistas califican abiertamente como caída libre.

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El contexto internacional ha agravado la situación. Cuba dependía históricamente del petróleo venezolano, un suministro que se redujo de manera drástica y que ahora enfrenta mayor incertidumbre tras la captura de Nicolás Maduro y el control estadounidense sobre la industria petrolera venezolana. De recibir hasta 90 mil barriles diarios en la era de Hugo Chávez, la isla pasó a poco más de 35 mil hacia finales de 2025, con impactos directos en la generación eléctrica y la industria pesada.

Sectores clave como la minería y el turismo también resienten la crisis. La producción de níquel se ve interrumpida por la falta de electricidad, mientras el turismo, que antes de la pandemia atraía a cuatro millones de visitantes anuales, no logra recuperarse y permanece estancado por debajo de los dos millones, limitando el ingreso de divisas indispensables.

Ante la emergencia, incluso voces internas del sistema han reconocido fallas estructurales. Diputados y economistas han señalado que las micro, pequeñas y medianas empresas privadas han sido más eficientes que las estatales, aunque su impacto se ve limitado por regulaciones estrictas. Estas MiPyMEs, legalizadas en 2021, han llenado anaqueles, pero con precios inaccesibles para salarios y pensiones que rondan los 3 mil pesos mensuales, menos de siete dólares.

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La desigualdad se ha profundizado. Mientras cerca de un tercio de los cubanos recibe remesas o ingresos en divisas, otro tercio —principalmente jubilados— vive en condiciones de pobreza. El contraste es visible en tiendas privadas bien surtidas, donde una caja de huevos cuesta más que una pensión mensual completa.

Este deterioro ha alimentado un éxodo sin precedentes. Desde 2020, alrededor de 2.75 millones de cubanos han abandonado el país, reduciendo la población real a poco más de ocho millones de habitantes. La migración masiva, sumada a protestas reprimidas y a la pérdida de confianza en el futuro inmediato, confirma que la crisis cubana ya no es coyuntural, sino estructural.

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Autor

  • Carlos Puelma

    Soy Lic. Informático y Lic. en Mercadotecnia con Maestría en Marketing Digital. Me especializo en SEO para medios de comunicación desde 2003. Me encanta viajar y recorrer el mundo cada vez que tengo la oportunidad. He tenido la fortuna de conocer más de 40 países en los 5 continentes, por lo tanto, me reconozco como un verdadero nómada digital.

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