Se consolida el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico en el Mar Caribe

El mapa del sargazo en el Atlántico está cambiando de forma profunda y sostenida, con una expansión clara hacia el Caribe y un retroceso marcado en el norte del mar de los Sargazos, la región que durante décadas fue considerada su principal reservorio natural, de acuerdo con evidencia científica reciente.
La intensificación de arribazones masivas en el Caribe contrasta con la caída de biomasa en el Atlántico norte, un patrón que ayuda a explicar por qué países caribeños siguen enfrentando crisis recurrentes en sus costas, aun cuando la zona que dio nombre al sargazo muestra una tendencia opuesta desde hace casi una década.
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Desde 2011 se consolidó en el Atlántico tropical el llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, una franja interconectada de macroalgas flotantes que se extiende desde África occidental hasta el Caribe y que hoy concentra gran parte del crecimiento observado a escala de cuenca.
Un estudio científico publicado en noviembre de 2025 identificó al afloramiento ecuatorial del Atlántico como el motor principal de estos florecimientos, al mostrar cómo el ascenso de aguas profundas ricas en fósforo estimula procesos biológicos que permiten al sargazo prosperar incluso en regiones pobres en nutrientes.
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El hallazgo resulta clave porque desvincula el aumento del sargazo de fuentes locales como ríos o descargas continentales, y lo coloca en el terreno de los grandes procesos oceánicos, cuya evolución dependerá del calentamiento global y de los modos climáticos que controlan la circulación del Atlántico.
En sentido contrario, otro estudio difundido en diciembre de 2025 documentó un declive dramático del sargazo en el norte del mar de los Sargazos desde 2015, apoyado en datos satelitales y observaciones directas que muestran una reducción sostenida de biomasa y un cambio en la estacionalidad del fenómeno.
Ese trabajo señala que los picos históricos de otoño e invierno han sido sustituidos por máximos en primavera y verano, alineados con la dinámica del cinturón tropical, y sugiere que el aumento de la temperatura superficial del mar y las olas de calor marinas estarían alterando los flujos que antes alimentaban esa región.
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La evidencia conjunta apunta a un posible cambio de régimen en la distribución del sargazo a escala atlántica, donde la proliferación en el trópico ocurre al mismo tiempo que el declive en el norte, redistribuyendo no solo la biomasa, sino también los impactos ecológicos y sociales asociados.
El panorama para 2026 refuerza esta tendencia. Análisis recientes reportan incrementos sustanciales de sargazo en el Caribe oriental y el Atlántico occidental, con valores récord para finales de año y la probabilidad de arribos tempranos e inusuales, mientras el Golfo de México se mantendría en niveles bajos.
Esta redistribución tiene implicaciones contrastantes: en mar abierto, el sargazo funciona como hábitat flotante para numerosas especies, por lo que su declive en el Atlántico norte implica cambios ecológicos de largo alcance; en la costa, las acumulaciones masivas afectan playas, arrecifes y economías locales, confirmando que el problema no es local, sino resultado de dinámicas oceánicas de gran escala que exigen respuestas coordinadas y basadas en ciencia.
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