México abre presas del norte para cumplir con la entrega de agua a Estados Unidos

FOTO: Redes sociales
La apertura controlada de presas en el norte del país marca el inicio de una nueva etapa en el cumplimiento del tratado de aguas entre México y Estados Unidos. Ante el cierre del actual ciclo quinquenal, el gobierno federal comenzó a liberar volúmenes estratégicos para reducir la deuda hídrica acumulada y evitar sanciones diplomáticas, en un contexto de sequía prolongada y alta presión social en las regiones afectadas.
La decisión incluye la liberación de agua desde la Presa El Cuchillo, una de las principales infraestructuras hidráulicas de Nuevo León. Esta medida busca aportar caudal al sistema del río Bravo, uno de los ejes del acuerdo binacional, y responde a compromisos internacionales asumidos por México desde hace décadas para el reparto equitativo del recurso.
De forma paralela, el país inició descargas desde la Presa La Amistad, ubicada en la frontera con Texas. Esta presa es clave para el cumplimiento del tratado, ya que conecta directamente con el flujo transfronterizo. La liberación de agua desde este punto confirma que la estrategia federal se concentra en presas con impacto inmediato en el balance bilateral.
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El tratado de 1944 establece que México debe entregar a Estados Unidos un volumen determinado de agua cada cinco años, mientras que el país vecino aporta recursos hídricos del río Colorado. Cuando las condiciones climáticas son adversas, como ha ocurrido en los últimos años, el cumplimiento se vuelve más complejo y obliga a decisiones técnicas que generan tensiones locales.
Autoridades federales han insistido en que las aperturas se realizan de manera gradual y bajo criterios técnicos, con el objetivo de no comprometer el abasto para consumo humano. Sin embargo, productores agrícolas y comunidades del norte han manifestado preocupación por el impacto que estas liberaciones puedan tener en niveles de presas y disponibilidad futura, especialmente ante pronósticos de lluvias irregulares.
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La entrega de agua ocurre en un momento sensible, donde la gestión hídrica se ha convertido en un tema de seguridad nacional. El equilibrio entre cumplir compromisos internacionales y garantizar el derecho al agua dentro del país se ha vuelto un desafío central para la política pública, particularmente en estados fronterizos con alta dependencia del riego agrícola.
El gobierno mexicano ha reiterado que continuará monitoreando los niveles de las presas y ajustando las extracciones conforme evolucionen las condiciones climáticas. La meta, subrayan las autoridades, es cerrar el ciclo sin incumplimientos, mantener la relación bilateral y evitar conflictos mayores en una región ya presionada por la escasez.
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