Maduro y Cilia Flores se declaran inocentes en Nueva York y desafían el proceso judicial de Estados Unidos

La comparecencia de Nicolás Maduro ante un tribunal federal de Nueva York marcó un momento de alta carga política y judicial, al declararse formalmente inocente de los cargos por narcotráfico y tráfico de armas que enfrenta en Estados Unidos. El exmandatario venezolano derrocado compareció este lunes ante el juez Alvin K. Hellerstein y negó categóricamente las acusaciones, en una audiencia que confirmó el inicio de uno de los procesos más relevantes contra un exjefe de Estado latinoamericano en territorio estadounidense.
La declaración de Maduro se dio en términos enfáticos y personales, al afirmar directamente ante el juez: “Soy inocente, no soy culpable”, añadiendo calificativos sobre su propia conducta que fueron más allá de lo estrictamente procesal. Su intervención requirió el uso de un intérprete, elemento que influyó en la dinámica de la audiencia y en la manera en que el juez intentó mantener el control de las respuestas del acusado.
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El uso de traducción simultánea introdujo una complejidad adicional en la sesión, pues el exlíder venezolano tendió a extender sus respuestas más de lo solicitado. Analistas legales señalaron que, al pasar cada frase por un intérprete, el margen de maniobra del juez para interrumpir o acotar declaraciones se reduce, lo que permitió a Maduro incorporar afirmaciones sobre su identidad política y las circunstancias de su captura.
Durante el intercambio inicial, Maduro no solo confirmó su nombre, sino que reiteró su condición de presidente de Venezuela y aseguró haber sido capturado en su propia casa. Este tipo de afirmaciones, aunque no forman parte directa de la imputación penal, dejaron claro que su estrategia discursiva busca politizar el proceso y presentar su detención como un agravio personal y estatal.
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En la misma jornada, Cilia Flores, esposa de Maduro, también se declaró inocente en su primera audiencia ante el tribunal federal de Nueva York. Flores rechazó todos los cargos en su contra y se presentó ante el juez asegurando su total inocencia, en un caso que la señala por presuntamente haber aceptado sobornos para facilitar contactos entre un narcotraficante de gran escala y altos funcionarios antidrogas de Venezuela en 2007.
La figura de Flores adquirió especial relevancia durante la audiencia al identificarse como la primera dama de Venezuela, subrayando el carácter político que, a su juicio, rodea el proceso. Sin embargo, las acusaciones que enfrenta están centradas en hechos concretos de corrupción y tráfico de influencias, lo que coloca su situación legal en un plano distinto al discurso de legitimidad institucional que intentó proyectar.
Observadores presentes en la sala describieron a Maduro como firme, seguro y con un lenguaje corporal controlado, tomando notas y marcando el ritmo de sus intervenciones con movimientos de las manos. Su tono fue descrito como fuerte e intencional, con una narrativa que apuntó a presentarse como víctima de una captura injusta, incluso comparándose implícitamente con un prisionero de guerra.
En contraste, Cilia Flores y el propio Maduro mostraron señales físicas de desgaste, con dificultades para moverse y mantener la postura durante la audiencia. La tensión del momento quedó evidenciada al final de la sesión, cuando un hombre presente en la sala increpó a Maduro en español, acusándolo de haber dañado a Venezuela, a lo que el exmandatario respondió señalando al cielo y reafirmándose como un hombre de Dios y presidente del país sudamericano.
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