“Jesús del Caracol”, la escultura que une la cultura prehispánica con lo espiritual en La Paz

Jesús del Caracol, una de las 17 esculturas que en febrero del año 2026 adornan el Malecón de La Paz. Foto: Carolina Solís
En el corazón del Paseo Álvaro Obregón, frente al parque Cuauhtémoc, se levanta una de las piezas más singulares y simbólicas del Malecón de La Paz: el “Jesús de Caracol”, una obra de la escultora sudcaliforniana María Eugenia Sánchez Cuevas, conocida artísticamente como “MENA”.
Esta figura, que hoy forma parte de las 17 esculturas que embellecen el Malecón de La Paz, Baja California Sur, guarda una mística historia que no comenzó en tierra firme, sino en las profundidades del mar.
La escultura, elaborada en bronce en 1996 mediante la técnica de la cera perdida, representa a Jesucristo de pie, barbado y ataviado con túnica, avanzando con paso firme mientras eleva un caracol en su mano derecha. Lo que pocos saben es que originalmente esta obra no fue concebida para colocarla en el Malecón de La Paz, sino para el mundo submarino.
Frente a la Isla del Coco, en Costa Rica, existe una réplica del “Jesús de Caracol”, la pieza también fue sumergida en 1997, lo que confirma la vocación marítima de la obra de arte de María Eugenia Sánchez Cuevas.

En La Paz, el “Jesús de Caracol” permaneció dos años bajo las aguas del Mar de Cortés, entre la isla Espíritu Santo y la pequeña ensenada de Playa Balandra, con el propósito de que buzos y practicantes de snorkel se encontraran con ella o incluso los turistas pudiera apreciarla desde lanchas con fondo de cristal. MENA, amante del buceo, creó una experiencia casi mística: descubrir a Cristo emergiendo entre peces y arrecifes.
Pero la idea inicial no bastó. La pieza era demasiado bella y simbólica como para mantenerla cautiva y en 1998, el “Jesús de Caracol” fue rescatado del fondo marino y colocado en el Malecón de La Paz.
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Al principio no contaba con base; con el paso del tiempo se construyó la glorieta actual, de 4.80 metros de diámetro en dos niveles, desde donde hoy esta figura de 2.70 metros de alto luce imponente, mirando hacia el oriente, como si vigilara cada amanecer e hiciera una ofrenda a la vida.

Más allá de su valor artístico, la pieza de bronce encierra un profundo simbolismo regional. El escultor sudcaliforniano Salvador Rocha explica como esta obra es un reflejo de nuestro pasado prehispánico:
“El alimento de de los subcalifornianos antiguos era eso, por eso el nombre de los concheros, porque ellos sacaban almejas, sacaban conchas y las tatemaban y así han quedado vestigios de esas tribus que estaban aquí: los concheros. No sé si ya ha oído a mentarlos, es muy famoso. Entonces yo pienso que parte de eso, de ese elemento del mar, que era un alimento, y algo espiritual, como el alimento espiritual, ¿verdad?, que en la historia sabemos de Jesús“, expresó Salvador Rocha.
En ese sentido, “Jesús de Caracol” fusiona dos dimensiones: la fe cristiana y la raíz prehispánica, el alimento material y el alimento del espíritu. Hoy, más que una escultura urbana, el “Jesús de Caracol” es un emblema cultural sudcaliforniano y un reflejo de quienes encontraron en el mar no solo sustento, sino sentido.
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