Neblina detiene al AICM y desata caos por opacidad en la información de vuelos

La suspensión de aterrizajes y despegues en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) por la presencia de neblina volvió a exhibir la fragilidad operativa del principal nodo aéreo del país, al tiempo que detonó inconformidad entre usuarios por la aparente falta de claridad en la información oficial sobre el estatus real de los vuelos.
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La terminal aérea informó desde temprana hora la interrupción de operaciones como una medida preventiva para salvaguardar la seguridad, una decisión alineada con los protocolos aeronáuticos cuando la visibilidad se reduce de forma significativa y se comprometen los márgenes de maniobra en pista.
El fenómeno meteorológico estuvo acompañado de un marcado descenso de temperatura en la capital, con registros de hasta cinco grados centígrados durante la madrugada en la alcaldía Venustiano Carranza, zona donde se ubica el aeropuerto y que suele ser especialmente sensible a la formación de neblina en condiciones de alta humedad.
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Más allá del impacto climático, la suspensión generó retrasos, reprogramaciones y desvíos que afectaron a miles de pasajeros en un aeropuerto ya presionado por la saturación, lo que convierte cualquier contingencia en un problema de alcance nacional para la conectividad aérea y la logística comercial.
Sin embargo, el malestar se intensificó por la discrepancia entre la experiencia de los usuarios y la información oficial mostrada en los canales del AICM, donde el tablero de vuelos reportaba mayoritariamente estatus como “en tiempo” o “abordando”, pese a que en redes sociales se multiplicaban las quejas por demoras prolongadas y suspensiones.
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Esta divergencia ha generado cuestionamientos sobre la transparencia y actualización de los sistemas de información al pasajero, ya que la percepción de normalidad operativa contrasta con testimonios directos de viajeros varados o con itinerarios alterados, una brecha que erosiona la confianza en la comunicación institucional.
El episodio también reaviva el debate sobre la capacidad tecnológica del AICM para operar con niebla densa, un reto recurrente para aeropuertos ubicados en zonas metropolitanas de gran altitud, y una exigencia particularmente relevante para la principal terminal aérea de un país integrante del G20.
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