Precio de garantía del maíz empuja a productores a vender por debajo del costo

La rentabilidad del maíz en Puebla se ha erosionado al punto de poner en riesgo la viabilidad de miles de pequeños productores, pese a la existencia de un precio de garantía federal de 7 mil 200 pesos por tonelada. En municipios como Tepanco de López, los agricultores afirman que ese apoyo no se traduce en ingresos reales, ya que la complejidad administrativa del programa los obliga a vender su cosecha a intermediarios por montos que rondan los 5 mil pesos.
La brecha entre el precio oficial y el precio efectivo refleja un problema estructural de comercialización. Los campesinos aseguran que los requisitos para acceder al programa de Acopio y Alimentación para el Bienestar resultan difíciles de cumplir, lo que deja fuera a quienes rentan tierras, siembran en sociedad o no pueden acreditar con documentos formales la posesión del predio, una condición común en el campo poblano.
El impacto económico es inmediato en las finanzas familiares. Productores locales estiman que el costo de producción por tonelada ronda los 6 mil 500 pesos, por lo que vender a precios inferiores implica trabajar prácticamente sin margen de ganancia. En términos prácticos, sembrar una hectárea puede requerir inversiones cercanas a los 40 mil pesos, para obtener utilidades que no compensan casi un año completo de trabajo agrícola.
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La burocracia se ha convertido en un factor decisivo en la toma de decisiones. Los protocolos de revisión de calidad del grano, que incluyen inspecciones estrictas por presencia mínima de insectos, obligan a los productores a trasladarse repetidamente a centros de acopio y a esperar varios días sin certeza de venta, un riesgo que muchos no pueden asumir ante la falta de bodegas y capital para almacenamiento.
La incertidumbre ha tenido efectos visibles en el campo. En el último ciclo agrícola, varios terrenos permanecieron sin cosechar durante semanas, mientras los agricultores evaluaban si valía la pena intentar vender al gobierno o aceptar de inmediato las ofertas de los acaparadores, quienes pagan menos, pero liquidan en efectivo y sin trámites adicionales.
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El contexto climático ha agravado la fragilidad del sector. En una región mayoritariamente de temporal, la irregularidad de las lluvias ha provocado caídas severas en la producción, como ocurrió en 2023, cuando la sequía redujo hasta 40% la cosecha. Aunque existen sistemas de riego, estos solo funcionan como apoyo y no garantizan estabilidad productiva.
Desde el ámbito académico, especialistas advierten que el precio de garantía funciona como un paliativo que no resuelve los problemas de fondo. La falta de organización entre pequeños productores, el encarecimiento constante de insumos y la escasa tecnificación mantienen al sector en desventaja frente a grandes compradores e importaciones, en un país que consume más maíz del que produce.
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Las autoridades estatales, en contraste, niegan que exista una crisis productiva y sostienen que la cosecha de maíz en Puebla se mantiene estable. El reto, afirman, está en mejorar la calidad del grano y fortalecer el cultivo de maíces criollos, cuya demanda comienza a crecer en mercados especializados, incluso fuera del país.
Las cifras oficiales muestran un panorama mixto. Puebla se ubica entre los primeros lugares nacionales en superficie sembrada, con más de medio millón de hectáreas cultivadas, aunque su volumen de producción no corresponde a ese potencial. Municipios históricos como Tepanco de López ya no encabezan la lista por extensión territorial, pero siguen destacando por rendimiento, lo que evidencia que el problema no está en la capacidad productiva, sino en la forma en que el grano llega al mercado.
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