Subutilización de la garita de El Chaparral agrava filas y retrasos en el cruce hacia Tijuana

La movilidad transfronteriza entre Tijuana y San Diego continúa siendo uno de los principales desafíos para la región binacional, en un contexto donde la infraestructura existente no opera a su máxima capacidad. La falta de uso total de la garita de El Chaparral se ha convertido en un factor clave que explica las largas filas y los tiempos de espera para ingresar a Tijuana desde Estados Unidos.
La saturación de los cruces vehiculares refleja una presión constante sobre la infraestructura fronteriza, que diariamente atiende a miles de personas que viven, trabajan o realizan actividades turísticas a ambos lados de la línea internacional. De acuerdo con actores del sector binacional, el volumen de cruces ha superado la capacidad operativa efectiva, aun cuando existen instalaciones que podrían aliviar el problema.
Desde la perspectiva de The Border Group, organización especializada en temas fronterizos, la movilidad es uno de los tres grandes retos pendientes para la región, junto con la educación y la sustentabilidad ambiental y energética. Su presidente, Mario C. López, advirtió que la congestión vehicular no es un fenómeno aislado, sino el resultado de decisiones operativas y de planeación que no han evolucionado al ritmo de la demanda.
Uno de los ejemplos más claros es la garita de El Chaparral, una infraestructura construida hace más de una década con el objetivo de modernizar el ingreso a Tijuana. Sin embargo, a pesar de su diseño y capacidad, no se utiliza en su totalidad, lo que reduce de manera significativa su impacto en la fluidez del cruce fronterizo.
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En particular, los carriles ubicados en el extremo derecho, junto al puente peatonal que conecta California con Baja California, permanecen sin operar al cien por ciento. Esta situación se traduce en cuellos de botella innecesarios, especialmente en las horas pico de la tarde, cuando miles de trabajadores regresan a Tijuana, y durante los fines de semana, cuando el flujo turístico se incrementa.
La problemática se agrava si se considera que más del 95 por ciento de las personas que cruzan por esta garita lo hacen de manera regular y sin mercancías que declarar. Este perfil de usuario abre la posibilidad de implementar esquemas de cruce más ágiles, siempre que la infraestructura disponible se aproveche plenamente y se optimicen los procesos.
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Especialistas y representantes del sector binacional coinciden en que la solución no requiere necesariamente nuevas obras, sino una operación más eficiente de los carriles existentes. Poner en marcha toda la capacidad de El Chaparral en los horarios de mayor demanda podría reducir tiempos de espera y mejorar la calidad de vida de quienes dependen del cruce diario.
La falta de coordinación y de decisiones oportunas en materia de movilidad transfronteriza sigue teniendo un impacto directo en la economía regional y en la dinámica social de la frontera. Mientras la demanda crece, la subutilización de infraestructura estratégica como El Chaparral mantiene a Tijuana atrapada en filas que podrían evitarse con una gestión más eficaz.
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