Trump anuncia arancel especial del 25% a los países que negocien con Irán

Estados Unidos abrió un nuevo frente de tensión comercial al anunciar un arancel del 25 por ciento contra cualquier país que mantenga negocios con Irán, una decisión que eleva la presión económica más allá de Teherán y coloca a potencias comerciales como China en el centro del impacto. El anuncio, hecho directamente por el presidente Donald Trump, introduce una medida de alcance extraterritorial que podría redefinir flujos comerciales clave.
La orden presidencial establece que cualquier nación que haga negocios con la República Islámica de Irán enfrentará automáticamente un gravamen adicional del 25 por ciento en todas sus transacciones con Estados Unidos. La redacción, presentada como “final y concluyente”, refuerza la estrategia de sanciones duras que Trump ha defendido a lo largo de su segundo mandato, aunque deja abiertas múltiples interrogantes operativas.
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Uno de los principales focos de atención es China, socio estratégico tanto de Irán como de Estados Unidos. De aplicarse el nuevo esquema, los productos chinos podrían enfrentar una tasa mínima cercana al 45 por ciento, sumando el nuevo arancel a los gravámenes ya vigentes, lo que encarecería de forma significativa las importaciones y reavivaría tensiones comerciales de alto impacto.
La ambigüedad del anuncio añade incertidumbre a los mercados. Trump no precisó qué se entiende por “hacer negocios” con Irán, ni si la medida se limitará a bienes físicos o incluirá servicios financieros, energéticos o logísticos. Tampoco se detalló el mecanismo de aplicación, lo que deja a gobiernos y empresas sin claridad sobre el alcance real del castigo comercial.
El contexto político refuerza la gravedad del anuncio. La medida coincide con declaraciones del propio Trump sobre una posible intervención de Estados Unidos en Irán, bajo el argumento de proteger a manifestantes antigubernamentales, en medio de un severo apagón de comunicaciones y un aumento de la represión interna. El componente geopolítico se mezcla así con la presión económica.
China reaccionó de inmediato al advertir que se opone a las sanciones unilaterales y que tomará las medidas necesarias para proteger sus intereses. La postura de Beijing refleja la magnitud de su relación comercial con Irán, que en 2025 incluyó exportaciones por más de seis mil millones de dólares e importaciones cercanas a los tres mil millones, sin contar el comercio petrolero que no se divulga oficialmente.
El petróleo es un punto crítico en esta ecuación. Analistas coinciden en que China ha absorbido más del 90 por ciento del crudo iraní en los últimos años mediante intermediarios, convirtiéndose en el principal sostén energético de Teherán. Un castigo arancelario a este vínculo tendría repercusiones directas en los mercados energéticos y en la estabilidad de precios internacionales.
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Además de China, países como India, Emiratos Árabes Unidos y Turquía figuran entre los principales socios comerciales de Irán, lo que amplía el potencial impacto del arancel. Trump ya había elevado de forma drástica los gravámenes contra India por la compra de petróleo ruso y amenazó con extender ese castigo a otros países, consolidando una política de presión económica sin precedentes recientes.
El uso reiterado de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional para imponer aranceles también enfrenta un desafío legal interno. La Suprema Corte de Estados Unidos analiza si el presidente excedió su autoridad, y un fallo adverso no solo limitaría su margen de acción, sino que podría obligar al gobierno a reembolsar alrededor de 130 mil millones de dólares en ingresos arancelarios ya cobrados.
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