Crisis en el transporte: Cae 60% la disponibilidad de taxis en la capital del país

El panorama del transporte público individual en la capital del país ha dado un giro drástico. Según datos recientes de movilidad, la disponibilidad de taxis ha caído un 60% en los últimos años, dejando un vacío significativo en el servicio que tradicionalmente cubría las necesidades de millones de capitalinos.
Esta reducción impacta directamente en la movilidad de las zonas donde el transporte por aplicación aún tiene tarifas elevadas o poca cobertura.
Diversos factores han contribuido a que veamos menos taxis circulando por las calles. Entre las causas principales destacan los altos costos de las revistas vehiculares, el precio de los combustibles y la competencia, considerada por el gremio como desigual, frente a plataformas tecnológicas como Uber o Didi. Muchos concesionarios han optado por retirar sus unidades de circulación al no resultarles rentable el mantenimiento y la operación bajo el esquema actual de la Secretaría de Movilidad (SEMOVI).
La crisis de los taxis en la CDMX no solo afecta a los conductores, sino también a la recaudación estatal y a la seguridad del usuario, quien ante la falta de unidades autorizadas, a veces recurre a opciones de transporte informal. Expertos en movilidad señalan que, de no existir un plan de rescate o modernización efectiva, el servicio de transporte público individual concesionado podría quedar reducido a una mínima expresión en el corto plazo.
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Contexto y estadísticas del transporte en la CDMX
Para entender la magnitud del problema, es necesario revisar las cifras de la última década. En su punto más alto, la capital contaba con un parque vehicular de transporte concesionado robusto; sin embargo, las estadísticas de la SEMOVI indican que miles de títulos de concesión han quedado inactivos o no han sido renovados. Esta tendencia se aceleró tras la pandemia, cuando el costo de operación superó los ingresos diarios de muchos trabajadores del volante.
Además del factor económico, el envejecimiento de la flota ha sido un obstáculo. La normativa actual exige que los taxis tengan una antigüedad máxima de 10 años, pero la falta de créditos accesibles impide que los propietarios sustituyan sus unidades viejas por modelos híbridos o eléctricos. Mientras tanto, en alcaldías como Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Tlalpan, los usuarios reportan tiempos de espera más largos para encontrar un vehículo disponible en sitios oficiales.
Finalmente, el gremio de transportistas ha solicitado en diversas ocasiones un ajuste a la tarifa, la cual se ha mantenido prácticamente congelada en el banderazo inicial durante años, a pesar de la inflación. El futuro del sector depende de la capacidad del gobierno para integrar a los taxis tradicionales en el ecosistema digital, permitiéndoles competir en igualdad de condiciones de seguridad y eficiencia tecnológica.
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