Sarah Schleper: La esquiadora que cambió las barras y las estrellas por el verde, blanco y rojo

AFP
En el mundo del deporte invernal, pocos nombres generan tanto respeto como el de Sarah Schleper. En primer lugar, la esquiadora nacida en Glenwood Springs, Colorado, ha logrado lo que muy pocos: competir en seis Juegos Olímpicos de Invierno. Asimismo, lo que hace su historia única es que, tras una exitosa carrera con el equipo de Estados Unidos, decidió naturalizarse mexicana para representar al país de su esposo y de sus hijos, convirtiéndose en un símbolo de identidad binacional.
La transición de Schleper no fue solo un trámite administrativo. De hecho, tras casarse con el mexicano Federico Gaxiola en 2007, Sarah comenzó a sentir una conexión profunda con nuestra cultura. Debido a esto, en 2014 obtuvo la ciudadanía y desde entonces compite bajo los colores de México. Por lo tanto, ha sido la encargada de abrir camino para los deportes de nieve en un país donde el invierno es más una anécdota que una realidad climática, inspirando a nuevas generaciones de atletas.
Por otro lado, su permanencia en la élite es asombrosa. Por ejemplo, a pesar de superar los 50 años, Sarah sigue participando en campeonatos mundiales y eventos de la FIS (Federación Internacional de Esquí). Sin embargo, su meta no es solo ganar medallas, sino demostrar que la edad no es una barrera para la excelencia física. Por esta razón, se ha convertido en una embajadora global del deporte, llevando el nombre de México a las pistas más exclusivas de Europa y Norteamérica.
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El legado de una mexicana por elección
Sin duda, Sarah Schleper es la prueba de que se puede nacer en un lugar y pertenecer a otro. No obstante, su camino no ha sido sencillo, pues el apoyo para deportes invernales en México es limitado. En resumen, ella financia gran parte de su carrera y entrena con una disciplina que pocos atletas jóvenes poseen. De igual forma, su carisma y su grito de “¡Viva México!” al finalizar cada descenso la han convertido en una de las figuras más queridas del olimpismo nacional.
Finalmente, Sarah ya tiene la mirada puesta en los próximos compromisos internacionales, buscando ampliar su récord de participaciones olímpicas. En conclusión, la esquiadora nacida en Estados Unidos pero con corazón mexicano sigue escribiendo capítulos de gloria en la nieve. Con estas acciones, nos recuerda que la identidad se construye con amor, familia y la voluntad de defender los colores que uno siente como propios, sin importar dónde se haya nacido.
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