Sargazo amenaza con llegar todo el año a Quintana Roo por efectos del Amazonas

Quintana Roo enfrenta un escenario cada vez más complejo por la posible presencia de sargazo durante todo el año, un fenómeno que deja de ser estrictamente estacional y se vincula directamente con los efectos del cambio climático, la acidificación del mar y el aumento sostenido de la temperatura oceánica en el Caribe.
El crecimiento acelerado de esta macroalga en altamar ha multiplicado el volumen de biomasa flotante, lo que eleva el riesgo de recales en las costas del estado bajo determinadas condiciones ambientales. La presencia de sargazo en el océano abierto, por sí sola, no garantiza su llegada a las playas, pero cuando los vientos dominantes y las corrientes submarinas convergen, la probabilidad de arrastre hacia el litoral aumenta de forma significativa.
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Este comportamiento quedó evidenciado con el recale anticipado registrado esta misma semana en playas de Playa del Carmen y en la zona sur de la entidad, un evento fuera de los calendarios tradicionales que confirma que la dinámica del sargazo ha cambiado y obliga a replantear las estrategias de atención y prevención.
La magnitud del fenómeno se explica por la identificación previa de más de 60 millones de toneladas de sargazo flotando en el llamado cinturón del Atlántico, una concentración inédita que mantiene en alerta a las autoridades ambientales y a los sectores productivos del Caribe mexicano.
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Ante este panorama, el gobierno estatal reconoce que en 2025 no hubo un cierre formal de la temporada de sargazo, precisamente porque se anticipaba la continuidad de recales fuera de los periodos habituales, rompiendo con la lógica de temporadas bien definidas que prevaleció durante años.
Si bien no es posible anticipar con certeza el volumen de sargazo que llegará a las playas a lo largo del año, debido a la variabilidad de corrientes y vientos, las autoridades trabajan desde ahora en el reforzamiento de las estrategias de contención para evitar que los recales tomen desprevenidas a las comunidades y destinos turísticos.
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El sector hotelero observa con preocupación esta tendencia, al advertir que el sargazo se ha convertido en un fenómeno estructural que exige respuestas integrales y no esfuerzos aislados, especialmente en una región cuya economía depende en gran medida del turismo de sol y playa.
Desde la iniciativa privada se ha planteado la necesidad de diseñar un verdadero manejo de crisis que garantice seguridad jurídica, económica y física para los destinos turísticos, bajo el entendido de que ningún actor, por sí solo, cuenta con los recursos suficientes para enfrentar un fenómeno natural de esta magnitud.
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